jueves, 14 de noviembre de 2013

La cocina y yo

¡Hola! me llamo Sara y aunque no soy chef ni nada por el estilo (de hecho soy diseñadora) disfruto mucho de la cocina como hobby y como actividad diaria. 

Desde chica siempre he disfrutado cocinar, me relaja y entretiene muchísimo. Me acuerdo que una navidad Santa Claus me trajo un hornito eléctrico que hacía pasteles con el calor de un foco, por mucho tiempo fue mi juguete favorito. Recuerdo también un recetario para niños, que por ahí debe de estar todavía en casa de mis padres, que tenía recetas súper sencillas, por ejemplo, explicaba como hacer galletas marías con cajeta y mantequilla, se llamaban yoyos. En las tardes, me gustaba preparar este tipo cosas para mis papás y mi hermana, para mi era una manera de demostrarles cariño. 

De mi mamá, mis abuelas y algunas tías aprendí que la comida es una forma muy peculiar que tenemos las mujeres de celebrar, compartir y demostrar amor a las personas queridas. Recuerdo las frías semanas de vacaciones de diciembre en las que la cocina de la casa de Puebla guardaba un calor y un olor tan especial, que sólo puedo describir como "hogar". Por varios años, durante estos días de asueto, nos dedicábamos a hacer galletas para regalar a la familia, hacíamos una gran cantidad y una gran variedad, recuerdo unas muy chulas que consistían en hacer una parte de la masa blanca y otra café oscuro, se hacían rollos en forma de espiral, de cuadritos, con un punto blanco en el centro, etc. después se congelaban por varios días, se rebanaban y se horneaban. Hacíamos también galletas de almendra en forma de ojos, figuritas sabor vainilla decoradas con azúcar glass teñida de colores, bolitas de nuez envueltas en papel de china.

En México, la cocina, es un rito puramente femenino (a veces se inmiscuye algún varón) rodeado de risas, tradiciones, mitos, olores y colores que se transmite de generación en generación. Siempre, el gusto por la comida y el amor a la cocina inicia en el seno familiar, para después irse nutriendo con la experiencia personal, los viajes, las amistades, las comidas en restaurantes, etc. 

Preparar la comida es un ritual complejo que va mucho más allá de tener un papelito con la receta apuntada o recurrir a algún recetario publicado, se requiere una serie de conocimientos empíricos que van desde qué comprar y dónde, reconocer los ingredientes por su olor, sabor y color, conocer la terminología al rededor de los cortes y los términos de cocción, hasta dominar la refinada tarea de sazonar correctamente. 

Desde muy pequeña una se sumerge en este mundo sensorial para aprender los procedimientos viendo a las mayores hacerlo. Si una niña, como yo, tiene el deseo y el interés de aprender, nunca se le excluye de la cocina, por muy chiquita que sea, ya que siempre se agradecen unas manos que ayuden a pelar chícharos, buscar piedras en los frijoles, deshojar el cilantro o revolver la masa del pastel.


Varios años después de que una es capaz de usar un cuchillo sin llevarse un dedo de por medio, mamá te deja llevar las riendas del ritual para preparar los platillos importantes de las fiestas, en mi casa: el pavo de navidad, el pozole del 15 de septiembre, la paella para el cumpleaños de papá, entre otros. Si todo sale bien, es decir, si el platillo se iguala o supera al de mamá, las tías dirán -ahora sí ya te puedes casar-. Es ahí donde concluye el rito de iniciación y puedes proceder a relevar a tu mentora en la tarea de armar las grandes comelitonas familiares. 

Paella para papá

Cuando en 2007 abandoné el nido y me fui a vivir sola a San Cristobal me enfrenté a la cruda realidad de ya no tener mamita que me hiciera la comida del diario. Sin nada más que tres o cuatro recetas básicas apuntadas por mi mamá en una mini libretita empecé esta linda aventura por la fiesta de los sentidos que es la comida.

Sin saberlo, durante muchos años había estado acumulado muchísimos conocimientos culinarios que tuve que poner en práctica para poder alimentarme y sobrevivir. En Chiapas, disfrutaba enormemente ir los domingos a hacer las compras al hermoso mercado municipal y muy rápido cocinar dejó de ser sólo una necesidad para convertirse en lo que hoy es una forma de pasar tiempo conmigo misma, procurándome, cuidándome y demostrándome amor.
Aunque disfruto infinitamente compartir con gente lo que cocino, no todos los días tengo la suerte de comer acompañada, por eso le he puesto este nombre a mi blog, “comida de una”.

Siempre que busco recetas en internet o consulto recetarios impresos, las porciones descritas son enormes para una sola persona y/o requieren de ingredientes muy precisos que no tengo por lo general en casa, lo que implica tener que salir corriendo al súper, lo que no siempre se puede o se quiere. De ahí mi motivación para crear este blog. Pretendo llevar un registro de las cosas que me cocino a diario, porciones pequeñas, recetas sencillas, rápidas y baratas para poderlas compartir con las y los demás, y claro, poder recurrir a ellas cuando se me acabe la imaginación.

2 comentarios:

  1. ME DA GUSTO QUE AHORA TU TE CONVIERTAS EN TRANSMISORA DE ESTA TRADICIÓN CULINARIA, QUE CONTINÚES CON TODOS SUS MITOS, RITUALES Y SECRETOS. ME ENCANTÓ TU FRASE "pasar tiempo conmigo misma, procurándome, cuidándome y demostrándome amor" NO HABÍA CONSIDERADO QUE UN SIMPLE PLATILLO PUEDIERA PROPORCIONAR TANTAS COSAS. SIEMPRE PENSÉ QUE ESO SÓLO SUCEDÍA CUANDO LO PREPARABA PARA LOS DEMÁS.
    ESPERO QUE NUNCA SE APAGUE ESTA CHISPA MÁGICA DEL GUSTO POR LA COCINA QUE TE PERMITE SER CREATIVA, DESCUBRIR Y CONOCER TUS TALENTOS Y HABILIDADES PARA COMPARTIRLOS CON LOS DEMÁS.

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  2. Hola Saris. ¡Que bien que publicas estas recetas! Eres una gran cocinera y el contenido es perfecto quien cocina para uno mismo . Las pondré en práctica. No dejes de escribir!
    Muchas gracias por el contenido.

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