¡Hola! me llamo Sara y
aunque no soy chef ni nada por el estilo (de hecho soy diseñadora) disfruto
mucho de la cocina como hobby y como actividad diaria.
Desde chica siempre he
disfrutado cocinar, me relaja y entretiene muchísimo. Me acuerdo que una navidad
Santa Claus me trajo un hornito eléctrico que hacía pasteles con el calor de un
foco, por mucho tiempo fue mi juguete favorito. Recuerdo también un recetario
para niños, que por ahí debe de estar todavía en casa de mis padres, que tenía
recetas súper sencillas, por ejemplo, explicaba como hacer galletas marías con
cajeta y mantequilla, se llamaban yoyos. En las tardes, me gustaba preparar
este tipo cosas para mis papás y mi hermana, para mi era una manera de
demostrarles cariño.
De mi mamá, mis abuelas
y algunas tías aprendí que la comida es una forma muy peculiar que tenemos las
mujeres de celebrar, compartir y demostrar amor a las personas queridas.
Recuerdo las frías semanas de vacaciones de diciembre en las que la cocina de
la casa de Puebla guardaba un calor y un olor tan especial, que sólo puedo
describir como "hogar". Por varios años, durante estos días de
asueto, nos dedicábamos a hacer galletas para regalar a la familia, hacíamos
una gran cantidad y una gran variedad, recuerdo unas muy chulas que consistían
en hacer una parte de la masa blanca y otra café oscuro, se hacían rollos en
forma de espiral, de cuadritos, con un punto blanco en el centro, etc. después
se congelaban por varios días, se rebanaban y se horneaban. Hacíamos también
galletas de almendra en forma de ojos, figuritas sabor vainilla decoradas con
azúcar glass teñida de colores, bolitas de nuez envueltas en papel de china.
En México, la cocina, es
un rito puramente femenino (a veces se inmiscuye algún varón) rodeado de risas,
tradiciones, mitos, olores y colores que se transmite de generación en
generación. Siempre, el gusto por la comida y el amor a la cocina inicia en el
seno familiar, para después irse nutriendo con la experiencia personal, los
viajes, las amistades, las comidas en restaurantes, etc.
Preparar la comida es un
ritual complejo que va mucho más allá de tener un papelito con la receta
apuntada o recurrir a algún recetario publicado, se requiere una serie de
conocimientos empíricos que van desde qué comprar y dónde, reconocer los
ingredientes por su olor, sabor y color, conocer la terminología al rededor de
los cortes y los términos de cocción, hasta dominar la refinada tarea de
sazonar correctamente.
Desde muy pequeña una se
sumerge en este mundo sensorial para aprender los procedimientos viendo a las
mayores hacerlo. Si una niña, como yo, tiene el deseo y el interés de aprender,
nunca se le excluye de la cocina, por muy chiquita que sea, ya que siempre se
agradecen unas manos que ayuden a pelar chícharos, buscar piedras en los
frijoles, deshojar el cilantro o revolver la masa del pastel.
Varios años después de
que una es capaz de usar un cuchillo sin llevarse un dedo de por medio, mamá te
deja llevar las riendas del ritual para preparar los platillos importantes de
las fiestas, en mi casa: el pavo de navidad, el pozole del 15 de septiembre, la
paella para el cumpleaños de papá, entre otros. Si todo sale bien, es decir, si
el platillo se iguala o supera al de mamá, las tías dirán -ahora sí ya te
puedes casar-. Es ahí donde concluye el rito de iniciación y puedes proceder a
relevar a tu mentora en la tarea de armar las grandes comelitonas
familiares.
Paella para papá
Cuando en 2007 abandoné
el nido y me fui a vivir sola a San Cristobal me enfrenté a la cruda realidad
de ya no tener mamita que me hiciera la comida del diario. Sin nada más que
tres o cuatro recetas básicas apuntadas por mi mamá en una mini libretita
empecé esta linda aventura por la fiesta de los sentidos que es la comida.
Sin saberlo, durante
muchos años había estado acumulado muchísimos conocimientos culinarios que tuve
que poner en práctica para poder alimentarme y sobrevivir. En Chiapas,
disfrutaba enormemente ir los domingos a hacer las compras al hermoso mercado
municipal y muy rápido cocinar dejó de ser sólo una necesidad para convertirse
en lo que hoy es una forma de pasar tiempo conmigo misma, procurándome,
cuidándome y demostrándome amor.
Aunque disfruto
infinitamente compartir con gente lo que cocino, no todos los días tengo la
suerte de comer acompañada, por eso le he puesto este nombre a mi blog, “comida de una”.
Siempre que busco recetas en
internet o consulto recetarios impresos, las porciones descritas son enormes
para una sola persona y/o requieren de ingredientes muy precisos que no tengo
por lo general en casa, lo que implica tener que salir corriendo al súper, lo
que no siempre se puede o se quiere. De ahí mi motivación para crear este blog.
Pretendo llevar un registro de las cosas que me cocino a diario, porciones
pequeñas, recetas sencillas, rápidas y baratas para poderlas compartir con las
y los demás, y claro, poder recurrir a ellas cuando se me acabe la imaginación.

ME DA GUSTO QUE AHORA TU TE CONVIERTAS EN TRANSMISORA DE ESTA TRADICIÓN CULINARIA, QUE CONTINÚES CON TODOS SUS MITOS, RITUALES Y SECRETOS. ME ENCANTÓ TU FRASE "pasar tiempo conmigo misma, procurándome, cuidándome y demostrándome amor" NO HABÍA CONSIDERADO QUE UN SIMPLE PLATILLO PUEDIERA PROPORCIONAR TANTAS COSAS. SIEMPRE PENSÉ QUE ESO SÓLO SUCEDÍA CUANDO LO PREPARABA PARA LOS DEMÁS.
ResponderEliminarESPERO QUE NUNCA SE APAGUE ESTA CHISPA MÁGICA DEL GUSTO POR LA COCINA QUE TE PERMITE SER CREATIVA, DESCUBRIR Y CONOCER TUS TALENTOS Y HABILIDADES PARA COMPARTIRLOS CON LOS DEMÁS.
Hola Saris. ¡Que bien que publicas estas recetas! Eres una gran cocinera y el contenido es perfecto quien cocina para uno mismo . Las pondré en práctica. No dejes de escribir!
ResponderEliminarMuchas gracias por el contenido.